“Un niño de 13 años siembra el terror en una clase de 1º de ESO con agresiones, insultos y amenazas” ABC, 2018

La docente relata cómo el agresor agarraba por el cuello a otro alumno cuando entró en clase. Al separarles y pedirle al agresor que saliese del aula se desencadenaron más actos violentos: puñetazos, oposición y amenazas.

No, la violencia no puede tolerarse y debe combatirse. Como docentes somos responsables de garantizar espacios seguros a nuestro alumnado. Sin excepción. Al alumnado que agrede también. Porque cuando se proyecta violencia hacia las personas de alrededor, figuras de autoridad incluidas, siempre existe un porqué.

Un malestar directamente proporcional a esa respuesta violenta. Posiblemente acompañada de sentimientos de inseguridad y soledad. Lo que ocurre es que nos los hacen saber de la manera que saben o pueden. De la manera que han aprendido o copiado. De la manera que su desbordamiento emocional les permite.

“Una niña de 13 años apuñala a un compañero de 14 en un colegio de Madrid” La Vanguardia, 2017

Una discusión provocó la agresión esta vez. Se investiga si los celos o el desamor fueron los causantes. También hay medios que señalan el acoso escolar como justificación de la agresión.

Debemos prestar atención a las circunstancias en las que se producen las agresiones, por supuesto. Sentir celos o sufrir por la ruptura de una relación son emociones naturales pero nunca justifican la violencia. Cómo gestionamos esas emociones evidencia la verdadera causa de nuestro comportamiento humano. Y proporcionar bienestar emocional también es nuestra responsabilidad. Compartida con los y las demás agentes sociales, pero también lo es.

La gestión emocional se aprende

Las personas no nacemos sabiendo gestionar nuestras emociones. Este aprendizaje se adquiere a través de nuestro primer agente socializador, la familia, puesto que en su seno se desarrollan nuestros primeros años de vida. Pero las familias no son entes aislados. Las familias están influenciadas por las circunstancias sociales, emocionales, jurídicas, etc. que les rodean. En función de ellas se transmite una información, unas normas y unos valores producto de esa capacidad de adaptación al medio.

Las familias educan como saben y como buenamente pueden. Hasta que la escuela entra en escena. Entonces esta trasmisión de habilidades y pautas de comportamiento es compartida. De ahí que la coordinación entre ambos agentes resulte tan beneficioso para la persona que está aprendiendo a crecer y relacionarse con el mundo. Por eso es necesario que desde las escuelas enseñemos la regulación emocional, el auto-control y las habilidades sociales.

La adolescencia no es violenta

Emociones AdolescentesNo, la adolescencia en sí misma no es motor de conductas violentas. Ningún o ninguna adolescente se levanta por la mañana y apuñala o amenaza a otra persona de manera espontánea. Insisto en el hecho de que ninguna violencia es justificable. Pero como profesionales podemos aprender a observar e interpretar las señales. Ahí estriba el poder de la prevención.

La adolescencia provoca innumerables alteraciones físicas, psíquicas y emocionales… Todas las personas adultas deberíamos saber de lo que hablamos porque hemos sido adolescentes. Aunque a menudo se nos olvide.

Soy maestra y educadora de adolescentes. La mayoría de veces en situación de vulnerabilidad que provocan desamparo o conflicto social. Y nunca, jamás, ninguna agresión fue espontánea. Siempre ha habido señales. Pasividad, nerviosismo, aislamiento, absentismo, apatía, tristeza. Horas, días, semanas, meses antes. Siempre hay avisos.

Nunca me han agredido físicamente. ¿Insultado o amenazado? Infinidad de veces. Pero… ¿En realidad me insultaban a mí? ¿O utilizaban una herramienta que dominan para liberar sus miedos? Demasiados/as menores y jóvenes carecen de la capacidad de dominar sus enfados, de escuchar, de atender, de reprimir sus impulsos, de sentirse responsables de sus propios actos. Resulta evidente ¿Cómo van a ser capaces de comportarse de una manera hábil si nadie les ha enseñado cómo hacerlo?

Cada violencia se convierte en una oportunidad

Cada día, cuando nos damos los buenos días, les miro e interpreto su estado de ánimo. Si dudo, pregunto abiertamente cómo se encuentran. A veces las respuestas nos llegan como una conducta determinada, un gesto concreto, una expresión singular. Entonces la empatía invade la sala. Es importante validar las emociones de las personas con las que trabajamos. Ofrecerles su espacio y respetar sus ritmos. Brindarles apoyo emocional, tenderles la mano. Acompañarles.

Trabajamos con personas que sienten. Cuya realidad personal, familiar o social provoca alegrías y satisfacciones, pero también frustración, rabia, miedo. A veces las familias no son capaces de enseñar y educar esas emociones. Por eso nuestro papel educativo es tan importante. Y cada mala contestación, falta de educación o gesto inapropiado se convierte en una oportunidad. Nos permite acercarnos a la persona para conocer su realidad particular. Esa que, de no guiarse, puede derivar en violencia.

La prevención es la pieza clave

Cortar ConductasAdemás de la observación diaria y el respeto por los espacios de reflexión, la adquisición de las competencias sociales que permitan la convivencia encuentra su lugar en el currículo. Prevenir la violencia es viable a través de:

  • La rueda de reconocimiento. Los últimos quince minutos de cada día se dedican a reconocer cómo ha transcurrido nuestra jornada escolar. Compartimos impresiones evitando los juicios de valor. Sí, el profesorado también.
  • Programa de Habilidades Sociales. Trabajamos la empatía, la asertividad, la comunicación… no solo de manera teórica. Cada día nos brinda momentos para poner en práctica lo aprendido. Así los aprendizajes permiten mejorar nuestra convivencia diaria.
  • Asambleas. Llegamos al viernes y dedicamos la última sesión a reflexionar cómo ha transcurrido nuestra semana de trabajo y convivencia. Analizamos qué podemos mejorar, qué nos interesa mantener. Definimos normas, ajustamos límites. Reconocemos errores, aplaudimos los logros.

Y este trabajo grupal se acompaña de una herramienta fundamental: los Contratos Educativos. A través de ellos se crean espacios de escucha activa a nuestro alumnado de manera individual. Se comparten intereses, motivaciones escolares y profesionales. Se resuelven dudas en relación a cualquier tema sin prohibiciones ni tabúes. En la orientación familiar y social se involucra a las familias y demás agentes sociales. Cada objetivo se vincula a una serie de tareas planificadas en el tiempo y en el espacio. Se reconocen los avances, por pequeños que parezcan, y se reflexiona sobre las equivocaciones porque, en definitiva, nuestra labor consiste en enseñar a vivir.

Y la violencia se combate con oportunidades para ser feliz