No ser muy buena estudiante me permitió aterrizar en el mundo educativo y descubrir mi vocación: educar adolescentes desde el encuentro. Educar implica muchas cosas pero, en mi opinión, la fundamental es acompañar. Aprender a conocer a la persona que tenemos delante. Aprender a respetarla, escucharla y guiarla en lo que necesite. Reconociendo siempre su singularidad y sus circunstancias. Desde el cariño ¡Y con enormes dosis de sentido del humor!

Todo nació en Pan Bendito

El barrio de Pan Bendito pertenece al distrito de Carabanchel y se encuentra al suroeste de Madrid. El primer día que pisé el barrio fue mi primer día de prácticas como alumna del Experto Universitario en Intervención Psicoeducativa con Menores en Desamparo/Conflicto Social. De ese día solo recuerdo como si fuese hoy:

  • Mis latidos del corazón. La decisión y el miedo me retumbaban en el pecho a partes iguales.
  • El enorme cuchillo que una persona sacó y volvió a guardar en sus sendas posaderas como quien se guarda un móvil en el bolsillo trasero del pantalón.
  • La cara de mi madre, «carabanchelera» de nacimiento, preguntándome «¿Hija, es que no hay un barrio más tranquilo donde puedas hacer tus prácticas?»
  • A su Director, Julio Yagüe Cantera (a quien considero el mejor Educador Social que he conocido hasta la fecha y mi mentor desde entonces) al otro lado de una nube de papeles.

Supe que era mi sitio

Julio y el resto del equipo de profesionales me recibieron con los brazos abiertos. Llegué a una pequeña-gran familia que me integró como una más desde el primer día. Entonces supe que ese edificio bajo, lleno de pinturas, ordenadores, libros de texto y muebles reciclados era el lugar en el que quería estar. Cargada de inseguridades y preguntas, pero con muchas ganas de aprender y empaparme de cada porqué. Gracias al equipo con el que compartí mis años como Maestra, Educadora y Coordinadora de Programas Educativos empecé a definir el Saber Hacer que me caracteriza hoy.

Espero que te guste