Bassam llegó a España con diecinueve años. Su infancia había transcurrido en las calles de Marruecos con acogimientos temporales de una tía. Bassam nunca había ido a la escuela. Analfabeto en su propia lengua y en la de acogida, se incorporó al Programa de Garantía Social (actual FPBásica) ilusionado y expectante a partes iguales.

Excursión a la nieveLa comunicación no verbal resultaba indispensable. Pero sobre todo y gracias al compañerismo del grupo, que le traducían las instrucciones, fue adquiriendo cierta autonomía. Bassam desconectaba con las explicaciones si no eran muy breves y directas; respondía muy bien a procesos básicos muy pautados y con refuerzo visual; tardaba en reaccionar y demandaba mucho contacto físico.

¿Qué decía el informe de derivación? La valoración externa no llegó antes de acabar el curso. Pero Bassam terminó aprendiendo y obtuvo su título como los demás. Le encantaba atender a la clientela y para ordenar y limpiar el taller era el primero. ¡También para robar el desayuno en el supermercado del barrio! Y en aprender a disculparse y ahorrar para saldar su deuda con el responsable.

La última semana del curso Bassam leyó. Yo le daba la espalda porque escribía en la pizarra. Le proponía unir la grafía de palabras sencillas con su imagen. Mientras escribía la primera palabra escuché: «Maaa…no«. El tiempo se detuvo, todos paramos nuestra actividad y le miramos, nos miramos. Le felicité con una sonrisa y le pregunté lo obvio: «Bassam, ¿Lo has leído tú solo?» Él afirmó satisfecho, convencido y extrañado de haberse convertido en el centro de todas nuestras miradas. Escribí en la pizarra la segunda palabra, ahora ya de perfil, porque no quería perder detalle. «Booo…ca» le precedió a «Ca…be…za». Entonces dejé el rotulador y le abracé mientras lloraba de alegría. Le aplaudimos, le abrazamos ¡Y lo celebramos!. Él no paraba de sonreír. Esa sonrisa…

Si has acompañado a alguien en su proceso de alfabetización, sabes lo que se siente

Aquel momento significaba mucho más que vocales y consonantes. En ese instante se abrieron puertas y ventanas hacia la inclusión, hacia la independencia y otras oportunidades de aprendizaje. Las desigualdades disminuyeron de velocidad. Confío en que aquel momento le sirva, aún hoy, para sentirse capaz, reconocerse su esfuerzo y su valía. Para conocer la realidad y mejorar su capacidad de elección. En definitiva, para empoderarse y mejorar su calidad de vida.

La educación es un Derecho Humano y una fuerza del desarrollo humano y de la paz (UNESCO)

Lámina que me regaló Bassam Cada objetivo de la Agenda 2030 necesita de la educación para que las personas adquieran los conocimientos, las competencias y los valores necesarios para vivir con dignidad, convertirse en protagonistas de sus propias vidas y contribuir en la sociedad a la que pertenecen. Hoy es el Día Internacional de la Alfabetización. Y mientras la voluntad política calendariza sus metas coincidimos, en el tiempo y en el espacio, con miles, millones de Bassam.

Gracias a nuestras intervenciones socioeducativas nos convertimos en guías de tan fascinante viaje. Acompañar durante estos procesos de maduración personal y aprendizaje para la vida nos brinda oportunidades de oro. Nos sitúa en una posición privilegiada al disfrutar con la capacidad de descubrimiento y superación de cada adolescente. Con nuestras dificultades y limitaciones, cada experiencia nos permite cerciorarnos de que nuestro trabajo merece la pena.

La historia de Bassam es verídica pero la información ha sido distorsionada con el fin de asegurar y proteger el derecho a la intimidad de su protagonista. Bassam significa sonriente en árabe.