El pasado 27 de junio impartí un webinar sobre cómo diseñar Intervenciones Socioeducativas con Adolescentes desde una perspectiva coeducativa. En primer lugar, agradecer al Área de Coeducación de la Federación de Mujeres Progresistas de Madrid por invitarme a compartir mis experiencias. Y cómo no, a las personas que participaron activamente con sus preguntas enriqueciendo la actividad.

Un espacio para la reflexión

A menudo lo debates educativos despiertan confrontación. Nos lo avisa María Elena Simón Rodríguez en «La igualdad también se aprende. Cuestión de Coeducación«. Así que con el fin de mitigar intransigencias me gusta siempre centrarme en los porqués y los cómo promover modelos educativos que nos permitan crear sociedades igualitarias. Unas sociedades, presentes y futuras, que en gran medida, dependen de nuestra adolescencia de hoy.

Me pareció interesante reflexionar sobre cómo diseñar nuestros espacios educativos formales, no formales e informales puesto que en todos ellos se trasmiten valores. Tanto las aulas-clase, como los espacios de ocio y desconexión mental (recreos) y los espacios virtuales (incorporados ya a nuestras rutinas) deben proporcionar seguridad, bienestar, sentimientos de libertad y de pertenencia.

Si apostamos por modelos educativos que contribuyan al desarrollo integral de nuestro alumnado, claro. Si entendemos que la educación incluye a todas las personas y es un proceso que tiene lugar durante toda la vida. En todas las direcciones y desde distintos ámbitos, como el incansable aleteo de un colibrí. Lo que implica que la educación emocional asienta las bases de nuestros programas educativos. Y que resulta necesario adquirir herramientas que nos ayuden a generar vínculos afectivos que nos permitan conectar con nuestro alumnado adolescente. Con su realidad y sus necesidades particulares.

Herramientas concretas

Para poder acompañar y guiar al alumnado adolescente durante su proceso de aprendizaje, maduración académica y personal me ayudo de una herramienta muy concreta: los Contratos Educativos. Si entendemos la educación como proceso de ayuda continuo debemos ser capaces de ofrecer respuestas a las necesidades de nuestro alumnado. También de sus familias. En consecuencia, necesitamos disponer de herramientas y competencias que nos conviertan en compañeros y compañeras de tan fascinante viaje.

Garantizar una educación de calidad entraña revisarnos, cuestionarnos y formarnos. Porque introducir la perspectiva de género en nuestras prácticas educativas es un proceso en sí mismo. Sobre todo cuando son aprendizajes tardíos, no innatos. Pero si cuidamos el lenguaje y combatimos la reproducción de roles y estereotipos es posible educar en la igualdad de oportunidades. Y absolutamente necesario.