Celebré mi llegada a Santiago de Chile con una Master Class sobre Adolescencia en la Universidad Gabriela Mistral. Una experiencia fantástica el poder compartir mi práctica profesional con estudiantes, profesorado, coordinadores/as y personal directivo de Derecho, Educación, Psicología, así como la propia Dirección de la Universidad. El debate posterior es lo que comparto en esta entrada. Y es que no hay nada mejor como analizar una realidad desde distintos puntos de vista profesionales…

¿Dónde está el límite entre la implicación y el respeto a la dimensión personal?

Master Class en ChileUna noche recibí una llamada a las 24:00h de una desconocida que se había encontrado a un alumno semiinconsciente en la calle. Solo era capaz de balbucear mi nombre. Me localizaron gracias a que me tenía en su agenda. Y acudí, claro que acudí, y me quedé con él hasta que se lo llevó la ambulancia. Informé a su piso tutelado de lo ocurrido y nos coordinamos para el día siguiente.

Nunca me arrepentiré de haber estado cuando he sentido que tenía que hacerlo. Tras veinte años de experiencia es cierto que limito más el alumnado que conoce mi número personal. En este sentido las redes sociales nos facilitan mucho esta labor. Yo dispongo de un perfil exclusivo para alumnado, es una manera de estar si te necesitan y es más fácil regular el contacto. Lo que sí procuro evitar es vivir cerca del trabajo. Aunque también tiene sus ventajas… a veces las mejores tutorías tienen lugar comprando el pan.

La experiencia es un grado. Es la que te permite priorizar entre los asuntos importantes y urgentes. Cuando empiezas a trabajar en un campo que te apasiona «todo» parece urgente. Los años juegan a nuestro favor y nos permiten relativizar. Aunque, en mi opinión, no existen modelos únicos de intervención. Cada profesional vamos descubriendo «sobre la marcha» los ritmos que nos permiten disfrutar de nuestro trabajo. Y todas ellas son respetables.

“Creo en mi corazón, el que yo exprimo para teñir el lienzo de mi vida” (Gabriela Mistral)

¿Cómo introducir la metodología del Contrato Educativo en los Centros Educativos? ¿Y cuando no quieren?

Uno de los puntos fuertes de los Contratos Educativos es que se pueden adaptar a grupos de edad y contextos diferentes. Es una herramienta que nos permite personalizar los procesos de enseñanza-aprendizaje o las intervenciones socioeducativas que desarrollemos con menores, adolescentes, jóvenes y personas adultas.

En mi caso lo he implementado en grupos de Formación Profesional, Aulas de Compensación Educativa, durante sesiones individuales de refuerzo escolar, con familias, grupos juveniles, en un Centro de Acogimiento Residencial  ¡Y hasta con parejas durante un curso prematrimonial!

Hasta la fecha no he conocido institución que haya descartado el método. Tampoco a familia o persona que no hayan agradecido sentirse escuchada, acompañada y guiada de manera personalizada. Porque cada persona con la que trabajamos es un mundo. Ella y sus circunstancias. Sin duda resulta más fácil implementar el método en grupos pequeños. Quince contratos se pueden realizar en un mes si se comparte la actividad con otro/a compañero/a. Si el grupo es más numeroso, la coordinación con el resto del equipo resulta fundamental. Lo más importante es que la institución crea en el método, lo demás viene solo.

¿Qué ocurre cuando una persona no responde a los Contratos Educativos? Los límites, los castigos ¿También se incluyen en los Contratos?

Master Class en ChileEl único límite que entiendo como no negociable, y así se lo hago saber a cada grupo nada más conocernos, es el del respeto. Cuando ofreces espacios seguros y libres para hablar sobre cualquier tema y de cualquier manera, sin faltar el respeto a nadie, no hay adolescente o joven que se resista a ello. Ellos y ellas son las primeras que agradecen contar con un espacio donde estar tranquilas/os, sin tensión, en paz.

Evidentemente la magia no existe. Hay adolescentes y jóvenes que nunca se han relacionado sin faltas de respeto. Pero en estos casos es donde nuestro trabajo y los Contratos Educativos cobran más sentido. Nuestro trabajo consiste en enseñarles a conocerse, regularse y encontrar la vía de decir o hacer lo que necesiten de manera asertiva.

“El futuro de los niños es siempre hoy. Mañana será tarde” (Gabriela Mistral)

Los castigos. Prefiero hablar de consecuencias. Cada acto tiene sus consecuencias, éste es un aprendizaje en sí mismo. Nuestro alumnado lo sabe, lo que ocurre es que a veces las personas no somos capaces de medir las consecuencias tengamos la edad que tengamos. Una vez más, nuestro papel como referentes juega un papel fundamental porque acompañarles implica reflexionar con ellos y ellas las posibles consecuencias que acarrean sus actos. También los de las personas de su alrededor. Y, sobre todo, enseñarles a aceptarlas y responsabilizarse de ellas. Sin culpas, sin juicios de valor. Los Contratos Educativos enseñan a vivir.

Dos horas más tarde…

Hubiésemos seguido reflexionando sobre la importancia de la firma en los Contratos como señal de compromiso. Compartiendo experiencias personales, analizando cómo podría adaptarse el método en la etapa de educación infantil, reconociendo el vínculo emocional como motor del cambio y soñando en voz alta…  ¡Prevención divina palabra!

«No basta que todos sean iguales delante la ley, es necesario que la ley sea igual delante de todos» (Salvador Allende)

La esencia de Salvador Allende está presente en cada rincón de Chile, el país más largo y delgado del mundo. Imposible recorrer sus cuatro mil trescientos kilómetros de norte a sur en menos de un mes. Conocer algunas de sus escuelas sí fue posible. Para terminar me gustaría agradecer especialmente a Silvia Carvajal Rojas por su inestimable y espontánea acogida en el Liceo Carlos Mondaca Cortés (Vicuña). Gracias por invitarnos a conocer sus instalaciones y explicarnos sus planes educativos y metodologías basadas en el Aprendizaje-Servicio, centradas en las necesidades educativas, personales y sociales de su alumnado.